La creatividad se aprende igual que se aprende a leer

A continuación encontrarás, algunas de las reflexiones de Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar.

Tengo 60 años, los cuales son irrelevantes cuando eres capaz de crear como un niño. Y todos somos capaces si queremos.

Nací en un barrio humilde de Liverpool, como los Beatles (creativos sin escuela). No soy buen gregario, así que no tengo partido, pero sí política…

Un día, visitando un colegio vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Me contestó: “La cara de Dios”. “Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor -dijo ella sin dejar de dibujar. Ahora lo sabrán.”

Todo niño es un artista. Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Los niños también se equivocan

Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo.

El principal error en un colegio es penalizar el riesgo creativo. Y los exámenes hacen exactamente eso.

No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo, y a las notas en su única finalidad.

La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.

¿Se puede medir la inteligencia?

La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento. øCuál es ese tipo de talento?.

Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada, con preparación técnica, jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

La mano de obra aún es necesaria. °Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así se aumenta el desempleo.

Pero nos exigen innovación

La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios.

Hemos estigmatizado el riesgo y el error. En cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición.

No hay nada más pasivo que una clase… ¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata.

Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles (que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen), nadie es innovador.

¿Cuáles son las consecuencias?…

Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados.

Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo. Suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

Tipos con suerte son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

“Sé humilde, acepta que no te tocó.” ¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! El reto es descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación.

Hoy la educación está enfocada en clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

La creatividad no viene en los genes

Es un asunto de puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

Por ejemplo, soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mis amigos Paul McCartney y George HarrisonĶ °Dios mío! °Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de Los Beatles!

Y Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha contado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo… ¡A pesar del colegio, fueron genios!

A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su colegio porque “desafinaba”. A mí, en cambio (un poliomielítico), me admitieron en el consejo del Royal Ballet…

Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar en ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

¿Era una niña hiperactiva?

Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos. Así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera.

Juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!

“Está pensando con los pies”, es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía de ballet y a crear la coreografía de obras tan importantes como “Cats” o “El fantasma de la ópera”, con Lloyd Webber.

Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada. Sería cualquier cosa, mediocre.

La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando alcanzas ese elemento, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

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