Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento

Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero que decía:

“Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento en esta empresa. Te invitamos al velorio. Es en el almacén”.

Al principio todos entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros. Pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era esa persona que estaba impidiendo el crecimiento de todos. 

La agitación en el área del velorio era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila de visitantes.

Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba: ¿Quién será el que estaba impidiendo mi progreso?… ¡Qué bueno que murió ese infeliz…      

Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban saliva.

Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo: Cada uno se veía a si mismo, con el siguiente letrero: 

Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: Tu.

Tú eres la única persona que puede hacer mejoras en tu vida. Es tu decisión.

Tu eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tu eres la única persona que se puede ayudar a si mismo. La decisión es tuya.

Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia.

Tu vida comienza a cambiar cuando tu decides hacerlo. Es en tu decisión en donde está la diferencia.

Tu eres el responsable: Puedes decidir ser indiferente o puedes decidir hacer mejoras.   

El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos, de sus propios actos y de sus propias decisiones.

No busques responsables a los lados. Míra la imagen que se refleja en tu espejo.

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